Nota editorial: Publicado originalmente el 21 de julio de 2019 en Ubicua MX, proyecto editorial independiente con enfoque en el Caribe mexicano y otras geografías culturales de México y América Latina. Al no encontrarse ya disponible el sitio original, el texto se recupera y se incorpora al archivo de Limón Cultural.
A través de una entrevista que naturalmente se tornó en una encantadora charla, el extraordinario Daniel Gutiérrez “El Gallo” nos privilegió con profundas respuestas que nos
devuelven y suman conciencia sobre lo que es el arte y particularmente el arte de clown,
puntualizando en la filosofía del payaso.
La curiosidad y la risa desde el punto de vista de Daniel El Gallo
Daniel, hombre sencillo, accesible, cuyo modo de vivir es indefectiblemente el de un artista
genuino, siempre está en constante observación de la vida, con alegre actitud relajada, enfatizó
acerca de la importancia de la risa y la curiosidad; facultades humanas que van perdiéndose o
distorsionándose en la sobreagitación de un mundo atiborrado de complejas obsesiones.
Tal es el
caso de la población de Polonia (país en donde El Gallo presentó su libro “Chundereke”), en donde
el entrevistado percibió algo que él define como una carga que dicho pueblo arrastra desde la
segunda guerra mundial. Se refirió a cuán agradecido puede mostrarse un polaco al estimulársele
la risa. En el arte del clown se entiende esa primordial necesidad de reír.
Pero hacer reír puede resultar nada sencillo, especialmente cuando la amargura de la adultez a
causa y consecuencia de sus diversas circunstancias llega a ser tan aguda que paradójicamente
también se vuelve imperceptible, colocando nuestro poco o nulo deseo por jugar y curiosear como
algo “normal”. Por ello hacer reír y hacer pensar significa un arte al que nuestro artista El Gallo
considera se le debe invertir constante preparación.
Clown cuya preparación ha sido obtenida
internacionalmente y con la cual continúa de modo permanente como una necesidad vital, Daniel
Gutiérrez respondió a una pregunta -sobre su punto de vista en cuanto al apoyo al arte- que se
requiere escuelas (de arte), maestros y educación al respecto. Muy satisfecho agregó haber sido
afortunado de tener excelentes maestros.
En cuanto al lamentable hecho de que se ha perdido la curiosidad, haciendo esto de nuestra
sociedad una que tiende a la inercia monótona, hizo un llamado a la gente a tener curiosidad con
los artistas, particularizando en los de la ciudad de Cancún, quienes están en busca de crear y
formar nuevos públicos.
La curiosidad es para Daniel Gutiérrez algo esencial, desde pequeño fue entendiendo la
importancia de curiosear, virtud que tuvo cierta influencia de su padre por ser biólogo. “Me hizo
descubrir lo que hay en la naturaleza como un milagro irrepetible de vida, entonces me parece
que en cada rincón si tú observas, por ejemplo, el hormiguero, ya sea de hormigas rojas o negras,
si pican o no pican, me parece que ahí… ahí hay arte, y la forma en que nosotros representamos
eso en la vida cotidiana […]. En mi caso, yo tengo una obra que se llama “Humanos insectos
invasores” y a través de danza, teatro, hicimos algunos movimientos raros como de arañas,
libélulas, donde el cuerpo puede hacer muchas cosas”, conversó Daniel y añadió algo muy
interesante: “Pues no hay un día que me duerma si no hago algo creativo, es como una disciplina
gozosa, para mí es divertido, no lo veo como algo forzoso, sino que siempre aparece en mi vida
constantemente”.
La trascendencia, el éxito y otras cuestiones
El Gallo ahondó en respuestas de preguntas que se le hicieron sobre la trascendencia, el éxito y la interacción y apoyo entre el artista, las instituciones y el público. Reconociendo que en la región
maya gozamos de una cultura bellísima con una historia comparable a las grandes culturas del
mundo, sostuvo que actualmente le hace falta identidad a nuestra ciudad Cancún, culturalmente
hablando.
Sugirió que por ejemplo en los parques podría haber esculturas mayas o cosas por el
estilo.
“Hasta ahora yo conozco muchos proyectos que han tenido éxito porque son a partir de la
ciudadanía o la mayoría o si no es que todos, poco a poco se han ido sumando las instituciones”,
mencionó haciendo notar que la divulgación del arte se alimenta primordialmente mediante la
gente.
“En Cancún hay gran cantidad de artistas que son increíbles y no reciben el apoyo”; “hay
muchísimo talento en nuestro país”, a lo cual añadió que si él tuviera el poder de hacerlo invertiría
en educación enfocada al arte, mediante escuelas especializadas.
Sobre si le interesa la fama, Daniel aseguró que lo que en realidad le satisface es tener un impacto
positivo; por ejemplo, cuando algún niño se le acerca para preguntarle cómo hacer lo que él hace
y él gustoso responde “practicando”.
Algunas otras cosas que le han dicho los niños son “el sábado
nos vemos”, “¿puedes ir a mi cumpleaños?”, “¿puedes ir a mi escuela?”, interés genuino que a
nuestro sencillo cuenta clown le llena de satisfacción y es lo que él considera tener éxito.
La trascendencia para este genial artista radica, entre otras cosas, en la aportación e influencia
que se puede tener en otros creativos. Reconoce que los cuenteros tienen el poder de la palabra
pero que curiosamente a partir de que integró en sus presentaciones el uso del ukelele, otros de
sus colegas lo empezaron a hacer.
Del mismo modo en sus presentaciones en Polonia utilizó una
bombona (tanque de gas partido a la mitad) y también, curiosamente después, lo empezaron a
integrar otros en sus presentaciones. “A través de pequeñas acciones o atrevimientos o de
repente indisciplinarte sobre ciertos protocolos (en el caso de los cuenteros) proponiendo cosas va
abriendo otros universos”, nos enriqueció y remató diciendo: “Trascender de esa manera, sigue
siendo así, jugando”.
Al final de la conversación Daniel El Gallo Le Coq volvió a recalcar sobre la curiosidad e invitó a las
personas a tener curiosidad sobre los artistas y a que vuelvan a jugar.
Ver este post en su formato original de revista digital:
Información acerca de…
Daniel Adrián Gutiérrez Sánchez, El Gallo Le Coq
Actor y clown
Guanajuato, Guanajuato 21 de julio de 1969
Guanajuato, Guanajuato 21 de julio de 1969
Estudió especialización de Clown teatral en España con payasos del Circo del Sol y complementó
su preparación recibiendo enseñanza, en diferentes países, de importantes maestros como el
clown Jef Johnson de Estados Unidos, Gabriel Chamé y Hernán Gené de Argentina, Gabriela
Muñoz, Luisa Huertas, Pedro de Juan (en México), así como en La Academia Escénica de España, y
de músicos como Ricardo Vivar y Roberto Vázquez, entre otros.
Siempre está en constante
preparación tomando cursos de música, actuación, talleres de impro y de clown.
Daniel El Gallo Le Coq es autor de cinco obras de teatro para niños. De talento versátil también ha
sido bailarín de Jazz Contemporáneo Academia de México.
Toca guitarra, armónica y ukelele.
Participó (como becario de CONACULTA) en la producción y dirección de obras como “Humanos
hadas aladas”, “Amar la muerte”, “El ahogado más hermoso del mundo” (Festival de Monólogos
de Quintana Roo), “El Wayeb” (espectáculo de clown), “Interrogatorio en Elsinore” (Festival de
Monterrey).
Ha participado en ballet como actor interpretando el papel de El Quijote en “En un lugar de la
mancha”, en “Coppelia” interpretando a Coppelius, en “El cascanueces” interpretando a
Drosellmayer, en “Graves pero estables”, “El beso de la mujer araña”, entre otros, así como en
cortometrajes realizados en Quintana Roo.
Ha tenido diferentes participaciones en diversos festivales temáticos de México en destinos
importantes como Xcaret, Playa del Carmen, Guanajuato, etcétera.
Su trascendencia tiene impacto fuera de México, fue invitado al Festival Opowesci en Polonia,
celebrado en las ciudades de Poznan, Turek y Varsovia, donde le publicaron su libro “Chundereke”.
En Bélgica fue invitado al programa Emotive (The Egg). En México realizó gira con su espectáculo
“Jaleo, jugar o comer”.
Su indiscutible talento ha tenido varios enfoques de significativa sensibilidad, demostrada en sus
obras y presentaciones, cada una destacada. En Cancún, su lugar de residencia, denunció la tala
desmesurada del manglar en la obra de teatro “Las peripecias de don Risóforo Manglarrez”,
mediante la utilización de títeres.


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